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El Experimento fallido
sobre el control de las
Armas
(The
Failed Experiment Gun
Control)
La publicación "Public
Policy Sources" es
difundida periódicamente
por el Fraser Institute,
Vancouver, Columbia
británica, Canadá.
El Fraser Institute es
una organización
canadiense independiente
dedicada a la
investigación económica
y social, y a la
organización educativa.
Tiene como objetivo el
redireccionamiento de la
atención pública al
papel que tienen los
mercados competitivos
proveyendo al bienestar
de los canadienses.
Donde la libre
competencia de los
mercados ha sido
substituida por
controles
gubernamentales, el
interés del instituto
descansa en la
documentación objetiva
de la mejora o del
deterioro resultante de
la intervención del
gobierno.
El trabajo del instituto
es asistido por un
Consejo Consultivo
Editorial de economistas
internacionalmente
renombrados. El Fraser
Institute es una
organización no
lucrativa nacional,
financiada por la venta
de sus publicaciones y
las contribuciones
deducibles de impuestos
de sus miembros, de
fundaciones, y de otros
Portantes; no recibe
ningún financiamiento
del gobierno.
El autor de este estudio
ha trabajado
independientemente y las
opiniones expresadas por
él son, por lo tanto,
las propias, y no
reflejan necesariamente
las opiniones de los
miembros o de los
administradores del
Fraser Institute. Fecha
de emisión: Noviembre de
2003.
Esta publicación nació
como un trabajo
presentado originalmente
en el "Simposio sobre
las Implicancias de los
Derechos Legales,
Económicos y Humanos de
la Propiedad y de la
Regulación de la
Posesión Civil de Armas
de Fuego", que tuvo
lugar en la torre de
Londres, Londres,
Inglaterra (2 de mayo de
2003).
Este simposio fue
patrocinado por el "Foro
Mundial sobre el Futuro
de las Actividades del
Tiro Deportivo".
Sumario Ejecutivo
La extensa televisación
de asesinatos ejecutados
con armas de fuego en
muchos países durante el
siglo XX han estimulado
a los políticos a
introducir leyes
restrictivas sobre las
armas. Los políticos
entonces han prometido
que las nuevas
restricciones reducirían
la violencia criminal y
"crearán una sociedad
más segura." Es hora de
detenerse brevemente y
de preguntar si dichas
leyes restrictivas
reducen realmente la
violencia criminal. Debe
demostrarse
fehacientemente que las
leyes restrictivas sobre
las armas sirven para
cortar el crimen
violento o el control de
armamentos no es más que
una promesa hueca.
Lo que hace atrayente
para muchos al control
de armas es la creencia
que el crimen violento
es conducido por la
disponibilidad de armas
y, más importante, que
la violencia criminal en
general puede ser
reducida limitando el
acceso a los armas de
fuego.
En este estudio, examino
tendencias del crimen en
los países del
Commonwealth que han
introducido
recientemente
regulaciones sobre
tenencia de armas de
fuego, es decir, Gran
Bretaña, Australia, y
Canadá. La clave,
vastamente ignorada,
para la evaluación de
las regulaciones sobre
armas de fuego es
examinar las tendencias
totales del crimen
violento, y no
únicamente del crimen
producido con armas de
fuego. Puesto que este
último es solamente una
fracción pequeña de la
violencia criminal
total, el público no se
hallaría más seguro si
las nuevas leyes son
aptas para reducir la
violencia provocada con
armas de fuego, pero no
tienen ningún efecto en
la violencia criminal
total.
Los Estados Unidos
proporcionan un punto
valioso de comparación
para determinar índices
criminales, porque su
sistema criminal
judicial difiere
drásticamente de los
existentes en Europa y
el Commonwealth. No sólo
las penas criminales son
típicamente más severas
en los Estados Unidos -a
menudo mucho más
severas- sino que los
índices de condena y
encarcelamiento también
son generalmente mucho
más altas. Quizás la
diferencia más llamativa
es que ciudadanos
"calificados" en los
Estados Unidos pueden
portar armas de mano
encubiertas para la
autodefensa.
Durante las últimas
décadas, más de 25
Estados aprobaron leyes
permitiendo que los
ciudadanos responsables
puedan portar armas. En
el año 2003, existen 35
Estados donde los
ciudadanos pueden
conseguir tal permiso.
El resultado es que los
índices del crimen
violento, y en
particular los índices
de homicidios, han
estado disminuyendo en
los Estados Unidos.
La caída en los índices
criminales
norteamericanos es aún
más impresionante si se
comparan con las del
resto del mundo. En 18
de los 25 países
investigados por el
Ministerio del Interior
británico, el crimen
violento aumentó durante
los años 90. Este
contraste debe impulsar
a la gente pensante a
preguntarse qué sucedió
en esos países en donde
se introdujeron leyes
cada vez más
restrictivas sobre armas
de fuego.
Gran Bretaña
En los últimos 20 años,
los gobiernos
conservadores y
laboristas han
introducido leyes
restrictivas sobre la
tenencia de armas de
fuego; incluso
prohibiendo todas las
armas de puño en 1997.
Desafortunadamente,
estas regulaciones
draconianas han fallado
totalmente. El público
no está más seguro y
puede llegar a estar aún
menos seguro. La
estadística policial
demuestra que Inglaterra
yel País de Gales están
soportando una onda
criminal muy seria.
En contraste con los
"armados" Estados
Unidos, donde el índice
de homicidios ha estado
bajando por más de 20
años, llos índices de
homicidios en las
"desarmadas" Inglaterra
y País de Gales ha
estado creciendo. En los
años 90 solamente, la
tasa de homicidios
creció el 50%, yendo
desde un 10 por millón
en 1990 a un 15 por
millón en el 2000. La
estadística policial
demuestra que el crimen
violento en general ha
aumentado desde el final
de los '80 y, en hecho,
desde 1996 ha sido más
serio que en los Estados
Unidos. Las leyes
restrictivas sobre armas
de fuego pudieron
incluso haber
contribuido a aumentar
la violencia criminal
desarmando al público en
general. A pesar que en
Gran Bretaña se prohíbe
y se confisca a todas
las armas de mano, el
crimen violento, así
como el crimen por armas
de fuego, continúan
creciendo.
Australia
Luego de las matanzas
impactantes ocurridas en
1996, el gobierno
australiano realizó
cambios sustanciales en
la legislación sobre
armas de fuego en 1997.
Desafortunadamente,
dichas regulaciones no
han hecho las calles de
Australia más seguras.
El índice de homicidios,
que había permanecido
básicamente constante
entre 1995 y 2001, ahora
ha comenzado a subir
nuevamente.
La declinación de la
tasa de homicidios en
los Estados Unidos se
alza contra la tendencia
creciente en Australia.
La divergencia entre
Australia y los Estados
Unidos es aún más
evidente con el crimen
violento. Mientras que
el crimen violento está
disminuyendo en los
Estados Unidos, está
aumentando de Australia.
Sobre los últimos seis
años, el índice total
del crimen violento en
Australia ha continuado
aumentando. Las
estadísticas de robos
armados continúan
subiendo. El robo armado
ha aumentado el 166% a
nivel nacional. La
incautación y la
destrucción de las armas
de fuego legalmente
poseídas costaron a los
contribuyentes
australianos por lo
menos $500 millones.
Los costos policiales
mantienen la burocracia,
incluyendo la
enormemente costosa
infraestructura del
sistema de registro de
las armas han aumentado
en $200 millones desde
1997. ¿Y para qué? No ha
existido impacto visible
en el crimen violento.
Es imposible justificar
una cantidad tan grande
del dinero de los
contribuyentes para no
obtener ninguna
disminución del crimen.
Con tal monto de dinero
proveniente de los
impuestos, la policía
habría podido tener más
vehículos de patrulla,
relevos más cortos, o
quizá incluso mejor
equipamiento. Piensne en
cuántas vidas pudieron
haber sido salvadas.
Canadá
En la década del 90,
cambios sustanciales
fueron realizados a las
leyes vinculadas con las
armas de fuego, primero
en 1991 y luego otra vez
en 1995. El otorgamiento
de licencias y el
registro todavía se
están poniendo en fase.
El contraste entre la
violencia criminal en
los Estados Unidos y en
Canadá es dramático. A
través de la última
década, el índice del
crimen violento en
Canadá ha aumentado
mientras que en los
Estados Unidos el índice
del crimen violento ha
caído radicalmente. El
experimento canadiense
con la regulación de
armas de fuego se está
convirtiendo en una
farsa.
El esfuerzo de registrar
todas los armas de
fuego, cuyo costo fue
originalmente
presupuestado en
solamente $2 millones,
ahora ha sido estimado
por el Auditor General
en más de $1.000
millones. Los costos
finales son desconocidos
pero, si los costos de
aplicación son
incluidos, el total
podría alcanzar
fácilmente $3 mil
millones. Los
contribuyentes harían
bien para pedir estudios
de costos y beneficios
de tipo independiente
sobre la campaña, para
ver cuánto está costando
el registro de las
armas.
La legislación
restrictiva sobre armas
de fuego no ha
conseguido reducir el
crimen violento en
Australia, Canadá, o
Gran Bretaña. La
política de confiscación
de armas ha sido un
error costosa. La
violencia criminal no ha
disminuido. En cambio,
continúa aumentando.
Desafortunadamente, la
política dicta que las
direcciones actuales
continuarán y, más
importante aún, no será
examinada críticamente.
Solamente los Estados
Unidos han atestiguado
una caída tan dramática
en la violencia criminal
la última década. Quizás
es tiempo que los
políticos del
Commonwealth revean su
antipatía tradicional a
las armas de fuego
poseídas legalmente.
Es una ilusión que los "bans"
sobre las armas protegen
al público. Ninguna ley,
no importa cuán
restrictiva sea, puede
protegernos contra las
personas que deciden
cometer crímenes
violentos.
¿No deberíamos tomar
medidas enérgicas contra
los criminales, en vez
de hacerlo contra los
cazadores y tiradores
deportivos?
Introducción
La extensa televisación
de asesinatos ejecutados
con armas de fuego en
Francia, Alemania y
Suiza en los últimos
años han estimulado a
los políticos en Europa
a introducir cambios en
las ya restrictivas
leyes sobre las armas en
sus países, para
hacerlas aún más
restrictivas.
La mayoría de nosotros
recordaremos los títulos
sobre un estudiante con
depresión en Alemania
que se volvió loco y
mató a varios personas
en su escuela después de
haber sido expulsado. En
Francia y Suiza,
enojados individuos
irrumpieron en los
Consejos locales y
comenzaron a disparar a
los legisladores,
aparentemente al azar.
Esta no es una nueva
historia. Hemos visto
antes este drama, en la
televisión de Australia,
de Gran Bretaña, de
Canadá, y de los Estados
Unidos, así como de
otros países.
Primero, ocurre algún
horrible acontecimiento
-como ser, un estudiante
perturbado disparando y
matando gente en una
escuela, o un maníaco
creando un alboroto en
un lugar público. La
cobertura de los medios
es intensa por algunas
semanas. Entonces, el
gobierno siente que debe
ser visto como haciendo
algo para proteger al
público, entonces se
otorgan a la policía
nuevos poderes, o se
introducen nuevas
restricciones para la
posesión de armas de
fuego. Se difunden
proclamaciones acerca de
que las nuevas
regulaciones sobre armas
de fuego reducirán la
violencia criminal y
"crearán una sociedad
más segura". Luego, los
medios corren detrás de
alguna nueva historia, y
el público se olvida.
Más adelante, aparece
otro incidente
extensamente difundido
por los medios en algún
otro lugar, y el proceso
comienza otra vez.
La introducción de
virtualmente cada ley
sobre armas en la última
mitad del siglo XX
alrededor del mundo ha
seguido este patrón. ."
Es hora de detenerse
brevemente, y de
preguntarnos: si dichas
leyes de las cuales se
espera que prevengan la
violencia criminal,
realmente lo han hecho?
Los políticos prometen
que el endurecimiento de
las regulaciones sobre
armas reducirán la
violencia criminal y
harán a la sociedad más
segura. Algunos incluso
proclaman que esas
regulaciones reducirán
la cantidad de
suicidios. ¿Pero lo
hacen realmente ? ¿Las
restricciones crecientes
sobre la propiedad de
armas de fuego reducen
los índices de
homicidios? ¿Los índices
de robo? ¿La violencia
criminal en general?
¿Los índices de
suicidios? ¿En resumen,
las regulaciones sobre
armas de fuego actúan
para crear una sociedad
más segura según lo
proclamado por sus
partidarios?
Si se supone que las
leyes que restringen la
propiedad de armas
deberían reducir el
crimen violento,
entonces esta
aseveración debe ser
fehacientemente
demostrada para ser
verdad, o el control de
las arma no es más que
una promesa hueca. Sin
embargo, los
criminólogos admiten (en
cierta forma
renuentemente) que hay
muy poco soporte
empírico para la
afirmación sobre que las
leyes diseñadas para
reducir el acceso
general a las armas de
fuego reducen la
violencia criminal 1.
Con frecuencia, dicha
aserción ha resultado
ser demasiado optimista.
Y puede no decirse que
los gobiernos no fueron
advertidos. La Comisión
Cullen había recibido
recomendaciones de una
gran variedad de fuentes
(por ejemplo, el
investigador inglés y
anterior superintendente
de policía Colin
Greenwood) argumentando
que las restricciones en
aumento no serían
eficaces en la reducción
del crimen violento (Munday
y Stevenson 1996;
Greenwood 1972).
En Canadá, antes de la
introducción del decreto
C-68, que definió el
licenciamiento de los
dueños y la registración
de armas de fuego, el
Auditor General de
Canadá advirtió al
gobierno que el Ministro
de Justicia no había
presentado ninguna
justificación que
evaluara que la
legislación adicional
sería más eficaz que la
legislación anterior
(Auditor General de
Canadá 1993: 647-55). Yo
mismo he testimoniado
frente al Parlamento que
la registración de las
armas de fuego era
"irrealizable, ineficaz,
e indignantemente
costoso" (Mauser 1995:
25). En aquella época,
yo estimaba que podría
costar a los
contribuyentes tanto
como 1.000 millones de
dólares (Mauser 1995:
28).
El Auditor General de
Canadá confirmó mi
predicción en el 2002
(Auditor General de
Canadá 1993: cap. 10).
Desafortunadamente,
ambas estimaciones
resultaron bajas porque
no incluyen los costos
de otras agencias
estatal de cooperación,
ni los costos de
aplicación. La mejor
estimación hasta la
fecha del costo que
representó a los
contribuyentes
canadienses licenciar a
los poseedores y
registrar todas las
armas está más cercano a
los 3.000 millones de
dólares (Breitkreuz
2003). Este estudio
examina la proclama de
que las regulaciones
sobre armas de fuego
recientemente
introducidas, que
restringen el acceso
público a las mismas,
torna a la sociedad más
segura al reducir la
violencia criminal.
La pregunta que aquí
intentamos tratar no es
si las leyes sobre armas
causan una disminución
-o un aumento- en los
crímenes cometidos con
armas de fuego. Eso es
un tema netamente
distinto. Por lo menos,
las leyes sobre armas
deberían actuar para
reducir dichos crímenes
2. La pregunta clave es:
¿Las leyes sobre armas
mejoran la seguridad
pública? Es importante
observar que, aún cuando
las regulaciones sobre
armas de fuego pudieran
causar una disminución
en los crímenes
cometidos con ellas,
otros tipos de crímenes
violentos pueden
aumentar y así
transformar a la
sociedad menos segura.
Esto es importante,
puesto que la violencia
cometida con armas de
fuego es solamente una
fracción de la violencia
criminal, a menudo una
fracción muy pequeña.
Para testear la proclama
general de que, mediante
la restricción a la
posesión de armas de
fuego para el público en
general, una sociedad
puede reducir la
violencia criminal,
examinaré las tendencias
en el crimen violento en
algunos países que han
introducido
recientemente
legislaciones generales
sobre las armas de
fuego.
En lo posible, estas
tendencias serán
comparadas con
tendencias similares en
los Estados Unidos. En
el análisis del impacto
de las modificaciones
legislativas, es
necesario examinar
dichos cambios a través
de un tiempo razonable.
Este estudio examinará
tendencias del crimen en
cada país de considerar
si se producen algunos
cambios después de la
introducción de las
regulaciones sobre
armas. Las tasas de
criminalidad
seleccionadas son
aquellas que resultan
las más apropiadas para
evaluar la seguridad
pública, los índices de
homicidios, crimen
violento, y crímenes
contra la propiedad.
Además, analizaré
también los índices de
suicidios, ya que los
desarmistas a menudo
proclaman que reduciendo
el acceso a las armas de
fuego se reduce la
tentación para que la
gente vulnerable cometa
suicidio.
Obviamente, los
promedios
internacionales son
inaplicables a este
esfuerzo. Este trabajo
no trata, por ejemplo,
si el promedio
canadiense para un
índice de crimen en
particular es más alto
(o más bajo) que los
Estados Unidos o
Inglaterra. Tales
patrones hablan de
diferencias históricas y
culturales, y no de la
eficacia de la
legislación reciente
sobre armas de fuego.
Solamente los cambios o
variaciones ocurridas
son atinentes a esta
cuestión.
Si la tasa de homicidios
era baja antes de que
las leyes restrictivas
de las armas de fuego
fuesen promulgadas, y en
la actualidad continúan
siendo bajas, ¿cómo
podemos aseverar que
dichas leyes con las
causantes de dichos
bajos índices...?
Seguramente, los EEUU
nos proveen de un
invaluable parámetro de
comparación con Europa y
el Commonwealth para
determinar las tasas del
crimen, pues el sistema
de justicia criminal en
los EEUU es única 3. No
solamente las penas por
crímenes son típicamente
más severas en los EEUU
-y generalmente mucho
más severas- sino que
también los índices de
encarcelamientos y
condenas son usualmente
mucho más altas 4.
Quizás la diferencia más
llamativa es que los
EEUU son uno de los
pocos países que
alientan a ciudadanos
calificados a portar
armas de puño
encubiertas para su
propia defensa.
Durante las últimas
décadas, mientras que
Gran Bretaña y el
Commonwealth convertían
a la tenencia de armas
de fuego cada vez más
difícil, más de 25
estados en los EEUU
aprobaron leyes
permitiendo que los
ciudadanos responsables
porten armas de puño.
Ahora hay 35 estados
donde los ciudadanos
pueden conseguir tal
permiso de portación.
Consecuentemente, el
número de americanos
armados en shoppings, en
la calle, y en sus
automóviles ha crecido a
casi 3 millones de
hombres y mujeres.
El resultado es que,
ante la sorpresa de los
observadores
ocasionales, estas
nuevas leyes parecen
haber causado
disminuciones en los
índices del crimen
violento, incluyendo los
índices de homicidios.
El profesor John Lott ha
demostrado cómo el
crimen violento ha
disminuido más
rápidamente en esos
estados que han
introducido leyes
permitiendo la portación,
que en el resto de los
EEUU 5.
El resultado obtenido
indica que los índices
del crimen violento, y
en particular los
índices de homicidios,
han estado disminuyendo
en los Estados Unidos
durante la pasada década
6.
La caída en los índices
criminales
norteamericanos es aún
más impresionante si se
comparan con las del
resto del mundo. En 18
de los 25 países
investigados por el
Ministerio del Interior
británico, el crimen
violento aumentó durante
los años 90. Este
contraste debe impulsar
a la gente pensante a
preguntarse qué sucedió
en esos países que
creyeron que la
introducción de leyes
más y más restrictivas
sobre armas de fuego las
protegería de la
violencia criminal.
Armas de fuego y
violencia criminal
Lo que hace atrayente
para muchos al control
de armas es la creencia
que el crimen violento
es conducido por la
disponibilidad de armas
y, más importante, que
la violencia criminal en
general puede ser
reducida limitando el
acceso a los armas de
fuego.
Esta es una aseveración
empírica totalmente
comprobable. Para
examinar la proclama de
que la legislación sobre
armas de fuego mejorará
la seguridad pública en
general, el criterio más
apropiado sería utilizar
una unidad de medida
adecuada, tal como el
índice general del
crimen violento total, o
el de homicidios. El
término "violencia
criminal" implica
cualquier crimen donde
se infieren daños a un
individuo, e incluyen
los crímenes cometidos
con cualquier arma, no
solamente armas de
fuego. Las armas de
fuego están implicadas
solamente en una
fracción del crimen
violento, a menudo en
una fracción pequeña.
Por ejemplo, entre el 1%
y el 26% de incidentes
de crímenes violentos
implican a las armas de
fuego en los países aquí
examinados (Tabla 1).
Incluso en crímenes
graves, tales como
homicidio y robo, donde
podría ser más frecuente
el mal uso de armas de
fuego, éstas son
utilizadas solamente en
una minoría de casos.
Entre el 4% y el 14% de
ladrones utiliza un arma
de fuego en Australia,
Canadá, o Inglaterra,
mientras que en los EEUU,
menos de la mitad las
utilizan (42%) 7. Pero
un menor porcentaje en
mal uso de armas puede
no ser una bendición:
las investigaciones
demuestran que las
personas víctimas de
robo tienen menor
probabilidad de ser
dañadas en los crímenes
donde el asaltante
utiliza un arma de fuego
8.
Los crímenes cometidos
con armas de fuego
pueden descollar en los
noticieros, pero la
violencia que implica el
uso de armas no es
cualitativamente peor
que otros tipos de
violencia: ser
aporreados hasta la
muerte no es menos
horrible que ser herido
de muerte de un disparo.
En este estudio, los
Estados Unidos se
destacan en que la
mayoría de los
asesinatos (el 63%) son
cometidos con armas de
fuego, mientras que en
Australia, Canadá o
Inglaterra relativamente
pocos asesinos las
utilizan (9%-31%) 9. En
el Commonwealth, las
armas blancas son
preferidas generalmente
a las armas de fuego por
los asesinos 10. Por
ejemplo, evaluando los
asesinatos cometidos con
armas blancas en Canadá
y en Australia, los que
han sido cometidos con
cuchillos duplican a los
que implicaron el uso de
armas de fuego (Dauvergne
2001: 8; Mouzos 2001).
Aunque el suicidio no es
considerado un crimen
violento, se incluye a
menudo en la discusión
de la violencia que
involucra a las armas.
Relativamente pocos
personas (entre el 4% y
el 20%) utilizan armas
para cometer suicidio en
los países del
Commonwealth examinados
aquí. Como de costumbre,
los Estados Unidos son
un caso único, pues algo
más de la mitad de los
suicidios implican el
uso de un arma (el 56%).
A pesar de este
porcentaje más elevado,
los Estados Unidos
tienen un índice total
de suicidios más bajo
del suicidio que
Australia o Canadá
(Oficina de Estadísticas
de Australia 2002;
Preville 2003; NCIPC
2003). A pesar de
afirmaciones en
contrario, las armas de
fuego no son letales que
otros medios
alternativos de cometer
suicidio.
El colgamiento y el
monóxido de carbono (por
ej. usando los gases de
escape de un vehículo)
tienen aproximadamente
la misma letalidad que
el uso de armas de fuego
(Kleck 1991: 258).
Parecería obvio que
cuanto más determinada
esté una persona en
suicidarse, es mayor la
probabilidad que elija
un método eficaz para
hacerlo. Dado que las
alternativas que tiene
una persona que desea
acabar con su vida son
variadas, restringir el
acceso a alguna de ellas
(por ej. armas de fuego
o trenes subterráneos),
aún dejaría disponibles
muchos otros métodos
para alcanzar el mismo
objetivo.
Los accidentes que
involucran armas, a
pesar de la cobertura
mediática que parecen
generar, son
verdaderamente raros.
Típicamente, los armas
contabilizan menos del
1% de las muertes
accidentales en
cualquier país
desarrollado. Quizás
esta rareza explica
porqué reciben tal
atención emocional de
los medios. Los
accidentes provocados
por vehículos son -por
lejos- mucho más comunes
y plantean un riesgo
mucho mayor al público
que los accidentes
provocados con armas. A
pesar de ello, los
accidentes
automovilísticos reciben
poco o nada de interés
de los medios. Éste es
otro claro ejemplo que
la cobertura de medios
no indica la seriedad de
una amenaza.
La "muerte por armas" es
un caso extremo, pues
combina dos fenómenos:
homicidios y suicidios
muy diversos, para
producir un número
importante pero engañoso
(Mauser y Stanbury
2003). Es inadecuado
utilizar "muertes por
armas" para evaluar las
leyes sobre armas por
varias razones. Primero,
las armas no están
implicadas en el grueso
de la violencia
criminal, así que ellas
no son de suma
importancia al evaluar
la seguridad pública.
En segundo lugar, aunque
pocas personas utilizan
las armas para cometer
suicidio, los suicidios
por disparos de armas de
fuego constituyen la
porción más importante
en países desarrollados.
Por ejemplo, el 80% de
muertes por armas en
Canadá son suicidios,
mientras que el 76% de
muertes por armas en
Australia son suicidios.
Tercero, hay poco
soporte para la
afirmación que las leyes
sobre armas de cualquier
clase reducen la tasa de
suicidios (Kleck 1997:
288; Jacobs 2002:6)
En resumen, las
mediciones más
apropiadas para evaluar
la seguridad pública en
general son mediciones
globales tales como
"crimen total" u
"homicidio violento
total". Los leyes sobre
armas se piensan
ciertamente para reducir
los crímenes por armas,
pero la pregunta más
importante es "si dichas
leyes pueden reducir la
violencia criminal
total.
Puesto que el crimen por
armas representa una
fracción tan pequeña de
la violencia criminal,
sería extremadamente
engañoso,
particularmente en
países del Commonwealth,
utilizar el "crimen por
arma" o la "muerte por
arma" para evaluar el
impacto de cualquier
legislación en la
seguridad pública.
Claramente, el crimen
por arma podría declinar
por un número de
razones, mientras que
simultáneamente la
violencia criminal total
aumente. El cuerpo
principal de este
trabajo examinará la
afirmación de que el
crimen violento puede
ser reducido centrándose
únicamente en la
reducción de crimen por
armas.
¿Las armas provocan
asesinatos?
Los partidarios del
control de las armas
gustan de afirmar que la
disponibilidad de armas
de fuego puede impulsar
a veces a gente normal
para ser violenta, y
hasta para cometer
asesinato. Esto es
falso. Esta afirmación
es analizada
profundamente en otra
parte de este trabajo,
pero algunos puntos
deben ser enfatizados
para ilustrar la falta
de fundamento de esta
aseveración (Kleck 1991:
205-06, 1997: 222- 24).
Mientras que puede ser
verdad que todos tenemos
algo de maldad en
nuestros corazones, muy
pocos de nosotros alguna
vez intentan matar a
alguien.
El asesinato es un
acontecimiento raro y el
asesino típico no es una
persona normal, y no
puede poseer legalmente
un arma de fuego en
cualesquiera de los
países aquí discutidos.
En el mundo
desarrollado, el grueso
de los dueños de armas
son cazadores o
tiradores deportivos. En
Canadá, por ejemplo,
como la tabla 2
demuestra, más de dos
tercios de los
propietarios de armas
afirman que la caza es
su razón principal de
poseer un arma de fuego.
Los dueños de armas son
ciudadanos normales,
como puede ser visto en
la tabla 3. Analizando
el promedio canadiense,
los dueños de armas
tienden a ser varones,
algo mayores, levemente
menos instruidos, pero
con una renta más alta
que el promedio.
Es un mito que los
asesinos son gente
"ordinaria". Los
asesinatos son cometidos
generalmente por gente
desviada con una
historia de violencia.
Por supuesto, éstas no
son las matanzas que
generan las noticias.
Según la estadísticas en
Canadá, el asesino
típico en ese país tiene
antecedentes penales
extensos, no puede
poseer legalmente armas
de fuego, abusa de las
drogas o el alcohol, y
está desempleado. Dos
tercios de los asesinos
canadienses poseen
frondosos antecedentes
penales, al igual que la
mitad de sus víctimas (Dauvergne
2002).
Éstos no son canadienses
normales. Es importante
observar que los
crímenes por armas están
limitados a un número
muy pequeño de la
población. En Canadá,
por ejemplo, se estima
que hay entre 2.3 y 4.5
millones propietarios
legales de armas 11.
Allí se contabilizan
alrededor de 10.000
crímenes violentos
cometidos con armas
anualmente 12. Aún si
estos crímenes hubiesen
sido cometidos por
dueños habilitados
legalmente por la ley de
armas (y ellos no lo
son), esto aún
representaría menos del
1% de todos los
propietarios legales de
armas. El mismo
argumento se aplica a
las armas de fuego: muy
pocas armas son mal
usadas. Existen entre
7.9 y 15 millones de
armas de fuego en
Canadá. Por lo tanto,
los 10.000 crímenes por
armas anuales
representan alrededor de
un décimo del 1% del
stock total de armas.
Los partidarios del
control sobre las armas
aseveran que cada arma
ilegítima comienza su
vida como un arma legal.
Esto se utiliza para
sugerir que los
propietarios legales de
armas (con conocimiento
o sin él) están
proporcionando todas, o
casi todas, las armas de
fuego usadas por los
criminales violentos.
Esto es falso. Primero,
a nivel internacional,
algunos países fabrican
y distribuyen
ilegalmente armas de
fuego, probablemente
para promover el
terrorismo. Un número de
estas armas de fuego
caen en las manos de
criminales ordinarios.
En segundo lugar, el
hurto no es la fuente
primaria de las armas
usados en la violencia
criminal.
En países del
Commonwealth, un
porcentaje muy pequeño
de las armas usadas en
el crimen violento han
estado en algún momento
en el sistema registral.
Por ejemplo, en
Inglaterra y País de
Gales, entre el 13% y el
16% de armas usadas en
homicidios habían sido
registradas alguna vez
(Ministerio del Interior
2001: tabla 3D). En
Canadá, el número de las
armas de puño
registradas usadas para
cometer homicidios se
estima en el 8% 13. En
Australia, la porción es
también absolutamente
pequeña: solamente el
10% de las armas usadas
en un homicidio habían
estado alguna vez en el
sistema 14. Tampoco en
los EEUU el hurto es la
fuente primaria de
dichas armas (Kleck
1997: 94).
Para decir que las armas
robadas estén implicadas
en la violencia
criminal, se necesita
examinar los robos
efectuados en arsenales
de los militares o de la
policía así como de los
individuos. Una porción
importante de la stock
de armas en Canadá está
en las manos de las
autoridades, y estas
armas se almacenan en
grandes arsenales que
generalmente no están
tan bien custodiados
como debería estarlo. Es
extremadamente difícil
estimar cuántos hurtos
ocurren anualmente en
los arsenales oficiales,
pues no existen
estadísticas. Sin
embargo, se puede
especular que las armas
de fuego robados a la
policía o a los
militares representan
probablemente un
porcentaje importante de
las armas usadas en el
crimen.
A nivel internacional,
una de las fuentes
principales de las armas
para las actividades
criminales es el
contrabando desde
fuentes tales como
depósitos militares de
los decaídos países
comunistas (Landesman
2003; Polsby y Kates
1997; Rummel 1994).
En resumen, he intentado
demostrar aquí que no es
razonable imaginar que
las armas de fuego
impulsen a la gente
normal para cometer
homicidios u otros
crímenes violentos. El
asesino típico no es un
individuo normal, y no
puede poseer legalmente
un arma de fuego en
cualesquiera de los
países analizados en
este trabajo. Ocurren
tan pocos crímenes por
armas comparados con el
número de armas de fuego
en cualesquiera de los
países considerados aquí
que, si las armas
impulsan a la gente a
matar, no están haciendo
un buen trabajo.
¿Se puede reducir el
crimen violento con
leyes más restrictivas?
Gran Bretaña y País de
Gales
La política sobre las
armas de fuego en el
Reino Unido se ha
conducido siempre
mediante una sensacional
cobertura de asesinatos
por arma de fuego por
más de 15 años. Primero,
en agosto de 1987, la
pequeña ciudad de
Hungerford, Inglaterra,
fue acechada por ocho
horas por un loco, que
disparó a la gente a
mansalva capricho.
Cuando terminó la
matanza, Michael Ryan
había muerto a 16
personas y herido a
otras 14, antes de
dispararse a sí mismo (Malcolm
2002: 201). La atención
de los medios se centró
casi exclusivamente en
cómo esa persona había
hecho para obtener los
armas de fuego
legalmente. Aunque, en
el análisis
retrospectivo, otros
temas eran mucho más
importantes. El público
no se vio shockeado por
la realidad de que la
policía desarmada no
podía hacer nada para
detenerlo, y que nadie
en la ciudad tenía la
voluntad o los medios
para oponerse.
Casi 10 años más tarde,
en 1996, en Dunblane,
Escocia, Thomas
Hamilton, que era
conocido por la policía
como un hombre
mentalmente inestable,
caminando dentro una
escuela primaria con sus
armas legalmente
registradas y asesinado
a 16 niños y a su
profesor. Antes de
suicidarse, hirió a
otros 10 estudiantes y a
tres profesores (Malcolm
2002: 203). Los medios
se mostraron shockeados
porque los ciudadanos en
Gran Bretaña podían
poseer armas de puño, y
no porque la policía
había fallado en la
aplicación de las normas
al conceder al asesino
un permiso de posesión
de armas de fuego. Según
la información
presentada a la Comisión
Cullen, Hamilton había
sido rechazado como
miembro en varios clubs
de tiro, los cuales
habían solicitado a la
policía revocar su
permiso. La policía no
había actuado ante estas
quejas (Cullen 1996).
La enmienda de 1988 del
Acta sobre Armas de
Fuego fue impulsada por
el gobierno conservador,
posteriormente al
incidente de Hungerford,
y la nueva enmienda de
1997, que prohibió todas
las armas de puño, fue
introducido por el
gobierno después de la
balacera en Dunblane (Greenwood
2001; Munday y Stevenson
1996).
Desafortunadamente,
estas draconianas
reglamentaciones sobre
las armas de fuego no
han contenido el crimen
(véase Malcolm 2002).
Las estadísticas
policiales demuestran
que Inglaterra y el País
de Gales están
soportando una ola
criminal muy seria. En
contraste con los EEUU,
donde el índice de
homicidios ha estado
disminuyendo por más de
20 años, la tasa de
homicidios en Inglaterra
y el País de Gales ha
estado creciendo durante
el mismo período. En los
años '90 solamente,
dicha creció el 50%,
yendo desde el 10 por
millón en 1990 al 15 por
millón en el 2000
(Ministerio del Interior
2001) 15.
Las estadísticas
policiales demuestran
que el crimen violento
en general ha aumentado
en estos países desde
finales de los '80 y, de
hecho, desde 1996, más
seriamente que en los
EEUU (figura 2). El
índice del crimen
violento ha subido a
partir del 400 por cien
mil de 1988 a casi 1.400
por cien mil de 2000.
(una porción no
mensurable de este
reciente aumento puede
ser atribuida a los
cambios en las
reglamentaciones en 1998
y 1999.) En contraste,
no solamente las tasas
del crimen violento son
más bajas en los Estados
Unidos, sino que ellas
han continuando
declinando (Ministerio
del Interior 2001;
Federal Bureau of
Investigations 2003:
tabla 1).
Los crímenes contra la
propiedad también han
crecido seriamente desde
principios de los años
'80. Aunque los índices
de estos crímenes han
decrecido algo en los
años 90, aún siguen
siendo más altas en
1997, situándose por
encima del 8%, cuando en
1982 estaban alrededor
del 6%. (cuadro 3). En
contraste, los citados
índices están
decreciendo en los
Estados Unidos
(Ministerio del Interior
2001; Federal Bureau of
Investigations, 2003).
Los índices de suicidios
han bajado algo en
Inglaterra y el País de
Gales (tabla 4). En
1989, la edad las tasas
estándar de mortalidad
por todos los tipos de
suicidio era del 10 por
100.000 y, en 1999,
ahora es 9.5 por
100.000. De similar
manera, las tasas de
suicidios en los EEUU
tienden también a
declinar (bajando de
12.4 a 10.7 por
100.000), aunque los
índices de tenencia de
armas de fuego han
crecido (McIntosh 2000).
El Ministerio del
Interior también ha ido
aumentado la severidad
en la aplicación de
regulaciones hasta tal
punto que ha destruido a
la comunidad de
legítimos tiradores
deportivos. Por ejemplo,
los permisos de tenencia
de escopetas han
disminuido casi un 30%
desde 1988 (Greenwood
2001) (cuadro 5). El
Ministerio del Interior
británico admite que
solamente un arma de
fuego de cada 10 usadas
en homicidios se hallaba
declarada legalmente
(Ministerio del Interior
2001) (cuadro 6). Pero a
pesar de ello, existe
poca presión en los
círculos burocráticos y
gubernamentales para
descontinuar la política
de desarmar a los
ciudadanos responsables.
Claramente, no existe
ninguna evidencia que
las leyes restrictivas
sobre armas de fuego han
hecho disminuir al
crimen violento. Por el
contrario, dichas leyes
incluso podrían haber
aumentado la violencia
criminal desarmando al
público en general. A
pesar de la prohibición
y confiscación de todas
las armas de puño, el
violento crimen -así
como los crímenes
cometidos con armas de
fuego- continúan
creciendo. El número de
aquellos que implicaban
uso de armas de puño ha
aumentado desde 2.600 en
1997/98 a 3.600 en
1999/2000. Asimismo, los
crímenes con armas de
fuego han aumentado 200%
en la última década.
Australia
La publicidad que generó
un asesinato múltiple
disparó cambios
recientes en la política
australiana sobre armas
de fuego. En Port Arthur,
Tasmania, el 28 de abril
de 1996, Martin Bryant,
un hombre mentalmente
alienado, promovió una
matanza, en la que
asesinó a cualquier
persona que se le cruzó.
Entonces, los medios se
enfocaron casi
exclusivamente en que el
asesino utilizó fusiles
semi-automáticos de tipo
militar. La policía
llegó, rodeó y aisló el
edificio, y comenzaron
las negociaciones.
Cuando intentó
escaparse, el asesino
fue capturado
rápidamente (Bellamy
2003).
En total, mató a 35
personas e hirió
seriamente a otras 18.
Fue juzgado y condenado
a prisión perpetua (Guirguis
2003). Aún existe
confusión acerca de
muchos de los detalles
de este incidente,
incluyendo cómo llegaron
a las manos de Bryant
las armas utilizadas, y
si la respuesta de la
policía fue o no
adecuada. Ninguna
Comisión Real ha
examinado nunca el
incidente. El enfoque
mediático sobre el tipo
de armas de fuego usadas
en Port Arthur resultó
una distracción para la
preocupación pública.
Después de la
escandalosa cobertura de
los medios sobre esta
matanza, en 1997 el
gobierno australiano
introdujo sustanciales
cambios a la legislación
sobre armas de fuego.
Los nuevos controles
introducidos incluyeron
la prohibición y la
incautación de casi
600.000 armas
semiautomáticas -de
"estilo militar"- de sus
poseedores legales, así
como nuevas regulaciones
sobre licencias y
registro (Lawson 1999;
Reuter and Mouzos 2002).
Desafortunadamente,
estas nuevas
regulaciones no parecen
haber convertido a las
calles de Australia más
seguras.
Analicemos las tasas de
homicidios. El homicidio
que implica armas de
fuego está declinando,
pero los índices totales
de homicidios
básicamente se mantienen
iguales completamente
desde 1995 hasta el 2001
(Mouzos 2001). Sin
embargo, los informes
tempranos demuestran que
la tasa nacional de
homicidios pudo haber
comenzado a subir otra
vez. Mouzos (2003)
expresa que los
homicidios en 2001/02
aumentaron en el 20% a
partir del 2000/01. Ella
también reporta que, a
pesar de que los
homicidios declinan, hay
un aumento en los
incidentes con múltiples
víctimas. Las tasas de
homicidios se mantienen
en sus valores máximos
históricos.. Poco
después de la Segunda
Guerra Mundial, la tasa
australiana dl homicidio
era alrededor del 1 por
100.000. Desde entonces,
ha crecido hasta que se
instaló en 2.4 por
100.000 en 1988.
La declinación en las
tasas de homicidio en
los Estados Unidos
confrontan contra la
tasa plana-o a veces
creciente- de los
homicidios en Australia
(cuadro 7). La
divergencia entre
Australia y los Estados
Unidos es aún más
evidente cuando se
considera el crimen
violento (cuadro 8).
Mientras que el crimen
violento está
disminuyendo en los
Estados Unidos, continúa
aumentando en Australia.
Sobre los últimos 6
años, el asalto y el
robo no demuestran
ninguna muestra de
disminuir (Instituto
Australiano de
Criminología 2003)
(cuadro 9). Todavía es
demasiado temprano para
afirmar si la
interdicción de las arma
ha exacerbado el
problema, o simplemente
no ha tenido ningún
efecto.
Los cambios recientes en
la ley de armas de fuego
parecen no haber tenido
tampoco ningún impacto
sobre los índices de
suicidio (Australian
Bureau of Statistics
2001) (cuadro 10). A
pesar de las nuevas
prohibiciones y
confiscaciones, la tasa
de suicidios en
Australia continúa
elevándose. Esta
situación contrasta con
la leve declinación de
dichas tasas en los
Estados Unidos, aún
cuando la disponibilidad
de armas de fuego
continúa aumentando es
este país.
La destrucción de las
armas de fuego
confiscadas costó
estimativamente a los
contribuyentes
australianos 500
millones de dólares (AUS$),
pero no ha tenido ningún
impacto visible en el
crimen violento (Lawson
1999). Estos costos no
incluyen los costos de
la burocracia que, como
se ha demostrado en
Canadá, pueden ser
considerables. El robo,
así como los índices del
robo con uso de armas
continúan subiendo. El
robo armado ha aumentado
166% a nivel nacional -
saltaba desde el 30 por
100.000 en 1996 al 50
por 100.000 en 1999
(Instituto Australiano
de Criminología 2001;
Mouzos y Carcach 2001).
Los índices de
homicidios no han
declinado, y la porción
correspondiente a los
homicidios a través de
armas que implicaban
armas de puño se han
duplicado en los últimos
cinco años (Mouzos
2001). La solución
propuesta a la falla de
las regulaciones sobre
armas es prohibir las
armas de puño, aunque,
como en Gran Bretaña y
Canadá, son pocas las
armas de fuego usadas en
homicidios cuya posesión
es legítima. En el
período 1999/2000
solamente 12 sobre 65
(el 18%) fueron
identificadas como mal
utilizadas por su dueño
legal (Mouzos 2001).
Canadá
Como en otros países,
los cambios recientes en
la política sobre las
armas de fuego fueron
precipitados por el
frenesí de los medios
sobre un asesinato
múltiple. El 6 de
diciembre de 1989, Marc
Lepine (cuyo nombre
original era Gamil
Gharbi), se dirigió al
campus de la Universidad
de Montreal, y se paseó
por los pasillos de la
facultad de ingeniería
disparando a quienes se
cruzaba, mientras
profería gritos de odio
hacia las feministas. En
un aula, después de
sacar a los hombres, les
disparó a las mujeres
que quedaron. En total,
mató a 14 mujeres e
hirió a otros 13
estudiantes, incluyendo
cuatro hombres, antes de
que él finalmente se
disparara suicidándose (Jones
1998). Aunque se cruzó
con un centenar de
estudiantes, y por lo
menos con tres
profesores, nadie
intentó detener al
asesino.
La mayoría hicieron lo
que él les ordenó. Una
investigación del "coroner"
de Montreal criticó
seriamente a la policía
por su respuesta
inadecuada (Mac-Donald
1990). La policía
incluso no llegó hasta
después de finalizada la
matanza. Después de
tomarse 30 minutos para
llegar al campus de la
Universidad, la policía
no podía encontrar el
edificio de Ingeniería.
La oficina del "coroner"
indicó que el tipo de
arma usado no representó
un factor significativo
en los asesinatos. Sin
embargo, los activistas
utilizaron este horrible
crimen para lanzar una
campaña que promovió
restricciones más serias
sobre las armas de
fuego, como una manera
de proteger a las
mujeres contra la
violencia masculina.
Como resultado, Canadá
introdujo cambios
superlativos en dos
oportunidades a sus
leyes sobre armas de
fuego.
El primero, en 1991,
bajo el gobierno
conservador, y la
segunda modificación en
1995, ocurrida aún antes
de haber puesto en
ejecución en su
totalidad las medidas
dispuestas por el primer
cambio, bajo el gobierno
liberal.. La "1995
Firearms Act" (Acta
sobre Armas de Fuego de
1995) todavía se halla
en etapa de
implementación.
El gobierno canadiense
utiliza el índice
descendente de
homicidios y el índice
descendente del crimen
violento para apoyar la
aseveración de que estas
leyes sobre armas de
fuego están actuando
para reducir la
violencia criminal.
Desafortunadamente para
esta discusión, la tasa
de homicidios ha estado
bajando tan o más rápido
que en los EEUU (cuadro
11), donde durante el
mismo período de tiempo,
más de 25 Estados han
introducido leyes menos
restrictivas sobre las
armas de fuego. La tasa
de homicidios en los
EEUU ha caído desde el
10.5 por 100.000 en
1991, al 6.1 por
100.000, mientras que la
tasa canadiense ha caído
desde el 2.7 por 100.000
al 1.8 por 100.000.
El contraste entre el
índice de la violencia
criminal en los Estados
Unidos y el recién
mencionado del Canadá es
dramático (ver cuadro
12). Durante la última
década, el índice
canadiense del crimen
violento ha aumentado
mientras que, en los
EEUU durante el mismo
período, el índice del
crimen violento ha
decrecido a partir del
600 por 100.000 al 500
por 100.000 (Gannon
2001) 17. Los estudios
econométricos
descartaron la
aseveración que la nueva
legislación sobre armas
de fuego causó la
declinación de la tasa
de homicidios en este
país.
Esto se ve claramente en
un estudio realizado por
el profesor Richard
Holmes y yo, donde
determinamos que la
legislación sobre armas
de fuego no tenía ningún
impacto significativo en
la tasa de homicidios (Mauser
y Holmes 1992) (cuadro
13). En este estudio,
analizábamos el efecto
de seis variables
independientes en la
tasa de homicidios para
cada provincia a partir
de 1968 hasta 1988. La
longitud de las líneas
horizontales indica la
fuerza de las variables
independientes. Las
líneas que extienden a
la derecha se asocian
positivamente a la tasa
de homicidios, mientras
que las que extienden a
la izquierda son
negativamente asociadas.
Cualquier ratio por
encima de 1.65 es
estadísticamente
significativo. Según lo
presumido, la ley 1977
sobre armas de fuego se
asocia negativamente a
la tasa canadiense de
homicidios, aunque no en
forma perceptible.
Las otras variables
independientes actúan en
la dirección esperado.
Ni tampoco puede
afirmarse que la
legislación de armas
actuá para reducir otros
tipos de crimen
violento. El profesor
Dennis Maki y yo hemos
demostrado que los leyes
canadienses de armas
pudieron incluso haber
causado un aumento en el
robo armado (Mauser y
Maki 2003). En este
estudio, analizábamos el
impacto de nueve
variables independientes
sobre tres variables
dependientes
relacionadas: (a) robo
armado, (b) los robos
armados que implicaban
uso de armas de fuego, y
(c) los robos totales
para cada provincia
desde el año 1974 al
'92. Analizamos cada una
de las variables
dependientes por
separado (cuadro 14).
Como en el cuadro 13, la
longitud de las líneas
horizontales indica la
fuerza de las variables
independientes. Las
líneas que se extienden
a la derecha se asocian
positivamente a la
variable dependiente,
mientras que las que
extienden a la izquierda
son negativamente
asociadas. Cualquier
ratio por encima 1.65 es
estadísticamente
significativa.
Los resultados de los
tres análisis son
absolutamente similares.
el poder del análisis
econométrico radica en
que el modelo considera
a los factores más
importantes como co-variables
aleatorias. El profesor
Maki y yo encontramos
que una vez que
desagregamos los efectos
de las otras variables,
la ley de armas
canadiense todavía tenía
un efecto significativo.
Desafortunadamente, este
efecto era positivo, es
decir, la ley de armas
actuaba para aumentar la
violencia criminal.
Tendencias casi
idénticas son
visualizadas en las
tasas de crímenes sobre
la propiedad, que están
declinando en Canadá y
en los EEUU (cuadro 15).
Las tasas de suicidios
se han mantenido
estables en Canadá,
mientras que en el mismo
período han ido
declinando en los
Estados Unidos (cuadro
16). A pesar de una
caída en los índices de
suicidios cometidos con
armas de fuego, ningún
impacto ha existido
sobre la tasa total de
suicidios canadiense, la
cual ha comenzado
recientemente a aumentar
otra vez (Preville
2003). La carencia de
vinculación es uno de
los puntos obscurecidos
por el factor engañoso
de la "muerte por
armas", al crearse esta
amalgama pseudo-científica
de suicidios, de
homicidios, y de uso
accidental o erróneo de
armas de fuego.
El experimento
canadiense con la
regulación sobre armas
de fuego se está
convirtiendo en una
farsa. Aunque se aseguró
originalmente que este
experimento costaría
solamente CDN$ 2
millones, el Auditor
General reportó que el
esfuerzo de registrar
todas las armas de fuego
ya ha superado la cifra
de CDN$ 1.000 millones.
Los costos finales son
desconocidos pero, si
son incluidos los costos
de aplicación, las
estimaciones ahora
alcanzarían los CDN$
3.000 millones.
Conclusión
Esta breve revisión de
las leyes de armas
demuestra que desarmar
al público no ha
reducido la violencia
criminal en ninguno de
los países examinados
aquí: ni en Gran
Bretaña, ni en Canadá,
ni en Australia. En
todos los casos,
desarmar al público ha
sido ineficaz, oneroso,
y a menudo
contraproducente. En
todos los casos, los
hechos han implicado la
instalación de costosas
burocracias que no
producen ninguna mejora
sensible en la seguridad
pública, y empeoran aún
la situación. Los
resultados de este
estudio son consistentes
con otra investigación
académica, que afirma
que la mayor perte de
las leyes de armas no
tienen ningún efecto
mensurable en el crimen
(Kleck 1997: 377; Jacobs
2002). Como he discutido
en otra parte (Mauser
2001a), la historia del
control de armas en
Canadá y el Commonwealth
demuestra la delicada
situación que se crea al
aceptar incluso las
medidas de control
aparentemente más
benignas sobre armas.
En cada una de las
etapas, el gobierno
restringe el acceso a
las armas de fuego o los
prohibe y confisca
arbitrariamente
determinados tipos de
armas de fuego. En
Canadá, la registración
se ha convertido
eventualmente en
incautación. Al mismo
tiempo, se han dado
mayores poderes a la
policía. La extensión de
los poderes de búsqueda
y detención del Estado
deben ser consideradas
muy seriamente por los
defensores de la
libertad, especialmente
desde el punto de vista
de la erosión de los
derechos individuales de
los canadienses.
Las instituciones
democráticas del Canadá
pudieron también haber
sido dañadas por la
transferencia de lo que
muchos consideran como
poderes legislativos, a
la policía por la
legislación sobre armas
de fuego. El registro de
las armas de fuego
también viola las reglas
básicas de control
dispuestas en la década
de 1820 por sir Robert
Peel, el fundador de la
primera fuerza policial
profesional, los "British
Bobbies". Para que los
leyes sean hechas
cumplir con eficacia, la
policía debe tener la
ayuda de los ciudadanos
que son custodiados. Sin
embargo, la experiencia
en varios países
demuestra que la
resistencia pasiva al
registro de los armas de
fuego se ha extendido en
forma universal.
En lugar de visualizar
al control de armas como
una respuesta política
al crimen violento, es
más útil verlo como el
producto del conflicto
entre las culturas
urbanas y rurales (Kleck
1996). Más que como un
movimiento de
acercamiento que
represente una tentativa
de imponer valores
rurales ante residentes
urbanos, el registro de
las armas de fuego se
puede ver como tentativa
por los "urbanos" de
imponer sus valores
culturales ante el resto
de la sociedad.
La demonización del
ciudadano promedio que
sea poseedor de un arma
representa el cimiento
para un aumento masivo
en la intrusión
gubernamental en las
vidas de los ciudadanos
ordinarios. El registro
de las armas de fuego y
el licenciamiento de los
dueños amenaza
libertades canadienses
que datan de muchos
años. El tipo de control
de armas que Canadá ha
introducido no es
consistente con muchos
principios democráticos
y con la protección de
las libertades civiles.
Sin embargo, Canadá ha
encabezado un movimiento
en las Naciones Unidas
para imponer un régimen
similar de restricciones
draconianas alrededor
del mundo.
Desarmar al público
aumenta grandemente el
cinismo con que gran
parte de la población
califica al gobierno, y
disminuye su buena
voluntad para
conformarse con otras
regulaciones futuras que
puedan incluso ser más
sensibles. El sentido de
la enajenación crece con
la severidad de las
restricciones y con la
ineficacia de su
resultado.
Desafortunadamente, la
política dicta que las
direcciones actuales
continuarán y, lo más
importante, no serán
examinadas críticamente.
Esta última es una
garantía del aumento de
esa enajenación futura.
Esta situación empeorará
hasta que los medios de
comunicación lentamente
se den cuenta que su
cruzada hacia la
prohibición de armas ha
sido mal dirigida, y
comience a dirigir su
atención hacia las
grandes cantidades de
dinero que se han
perdido en búsqueda de
un sueño de ingeniería
social que fue condenada
al fracaso desde el
comienzo.
Solamente los EEUU han
atestiguado una caída
dramática en la
violencia criminal
durante la última
década. El sistema de
justicia en los Estados
Unidos se diferencia de
muchas maneras del
aplicado por el
Commonwealth, pero una
de las razones
importantes de la caída
en el crimen violento
puede ser que los
ciudadanos responsables
cada vez portan más
armas (Lott 2000). En
contraste, las
autoridades del
Commonwealth insistes en
el monopolio de la
fuerza. Si la meta es
disuadir a la violencia
criminal, quizás ha
llegado la hora para los
países del Commonwealth
de convencerse que las
leyes sobre armas pueden
no reducir el crimen
violento, sino que la
violencia criminal es
una causa de la
existencia de dichas
leyes (al menos, los
crímenes bien
publicitados sí lo
hacen).
El único ganador en este
drama es la burocracia.
El resto de nosotros
pierde tanto libertad,
así como seguridad. Es
ilusorio seguir pensando
que la ley protegerá al
público, puesto que
ninguna ley, no importa
cuán restrictiva sea,
puede protegernos contra
la gente que está
decidida a cometer
crímenes violentos.
Siempre ha habido
criminales, y ha habido
siempre gente
trastornada. El
asesinato ha sido ilegal
por miles de años:
necesitamos solamente
recordar la historia de
Caín y de Abel. Los
medios masivos de
comunicación califican a
los crímenes cometidos
mediante el uso de armas
como más letales, pero
los asesinatos múltiples
por el incendio
deliberado han demandado
históricamente más
víctimas que ellos.
La verdad es que todos
nosotros vivimos en un
mundo peligroso, y que
el gobierno no puede
protegernos, por la
sencilla razón de que la
policía no puede estar
en todas partes. Debemos
confiar en última
instancia en nosotros
mismos, y esto es
solamente correcto
cuando tenemos las
herramientas necesarias
para hacerlo.
Notas
1 - Quizás los más
conocidos son Gary Kleck
(1997: 377) y Colin
Greenwood (1972: 240)
pero declaraciones
similares ha sido hechas
por James B. Jacobs
(2002) y Peter Reuter y
Jenny Mouzos (2002) en
su presentación a la
Sociedad Americana de
Criminología.
2 - Hay poca evidencia
acerca de que las leyes
de armas son eficaces.
Por ejemplo, Joyce
Malcolm (2002) demuestra
convincentemente que las
leyes ingleses sobre
armas han fallado y
realmente están haciendo
aumentar a los crímenes
con armas y al crimen
violento.
3 - Para una discusión
más cuidadosa sobre las
diferencias entre una
variedad amplia de
países, incluyendo los
Estados Unidos, ver
Kopel 1992.
4 - Estos puntos han
sido hechos más
inteligibles por Patrick
Langan y David
Farrington (1998), que
comparan los sistemas de
justicia criminal de los
Estados Unidos con el de
Inglaterra y el País de
Gales. Marie Gannon
(2001) también compara
tasas de crimen en los
Estados Unidos y el
Canadá.
5 - Ver John Lott 2000,
2003. A pesar de haberse
sujetas a un severo
escrutinio empírico por
los críticos, sus
aserciones básicas
todavía se mantienen
incólumes.
6 - Estas tendencias se
visualizan fácilmente en
los datos contenidos en
el Uniform Crime Report
(UCR), que pueden ser
consultados en el Web
site del Federal Bureau
of Investigations (http://www.fbi.gov/ucr/ucr.htm).
7 - Es importante
recordar que los Estados
Unidos han sido siempre
un país violento.
Algunos observadores
creen que esto es debido
a los antiguos problemas
relacionados con el
racismo y la pobreza.
Según lo mencionado
anteriormente, la
pregunta bajo análisis
en este trabajo es la
eficacia de la
legislación reciente
sobre armas de fuego, y
no las diferencias
históricas o culturales
básicas en los distintos
países.
8 - Gary Kleck (1997:
238) especula que una
razón de esto pudo ser
que el asaltador armado
con un arma de fuego
puede ordenar
conformidad de su
víctima sin primero
dañarlo.
9 - Los Estados Unidos
no son el país más
violento del mundo
desarrollado. Esa
distinción pertenece a
Rusia, que tiene una
tasa de asesinatos dos a
tres veces más alta que
el de los Estados
Unidos, a pesar de tener
leyes draconianos sobre
armas que son hechas
cumplir muy
estrictamente (Miron
2001: 624).
10 - Jamaica es una
excepción deslumbrante:
a pesar de tener leyes
draconianas sobre armas
de fuegoéstas son
utilizadas en casi dos
tercios de los
homicidios y más de la
mitad de los robos (Edwards
1999: 30).
11 - El Centro
Canadiense de Justicia
asegura que existen
oficialmente 2.3
millones de propietarios
de armas en Canadá; mi
mejor estimación (2001b)
es que hay 4.5 millones
de propietarios.
12 - Esta estimación se
basa en un informe
reciente de
"Estadísticas de
Canadá", y en un
requerimiento especial
anterior dirigido al
mismo ente. Josée Savoie
(2002) informa que casi
4.000 crímenes violentos
implicaron a un arma de
fuego, sino éste no
incluye ninguna asaltos
que pudieron haber
utilizado un arma de
fuego.
13 - Las armas de puño
representan el tipo más
común de arma de fuego
utilizadas en homicidios
en Canadá, y hasta hace
poco tiempo, es el único
tipo de arma de fuego
que fue registrado (Dauvergne
2001: 10)
14 - Solamente 11 de los
117 homicidios cometidos
con arma de fuego entre
1997 y 1999 implicaron
un arma de fuego
legalmente poseída por
el autor (Mouzos 2000:
4)
15 - Según estadísticas
de la Policía publicaron
por el "Scottish
Executive" (2001), la
tasa de homicidios en
Escocia también ha
aumentado durante este
mismo período de tiempo,
creciendo desde el 16
por millón al 21 por
millón.
16 - Datos relevados
recientemente demuestran
una declinación en el
crimen violento pero
esto no se refleja en
los datos de la policía
(Simmons et el al.
2002).
17 -Esta comparación
demuestra las
estadísticas oficiales
de ambos países. Gannon
(2001) construye los
índices de crimen
violento que son más
directamente
comparables. En su
análisis, las tendencias
en el crimen violento en
los dos países se
asemejan bastante, pero
sus datos también
demuestran que el crimen
violento en Canadá está
aumentando mientras que
en los Estados Unidos
está disminuyendo.
18 - Este estudio es
consistente con casi
todo el resto de la
investigación sobre la
legislación canadiense
sobre armas de fuego.
Los únicos estudios que
han hallado un impacto
han sido financiados por
el Ministerio de
Justicia Canadiense.
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Office.
About the author...
Gary A. Mauser is a Full
Professor in the
Institute for Urban
Canadian Research
Studies and the Faculty
of Business
Administration at Simon
Fraser University,
Burnaby, British
Columbia, Canada.
He earned his Ph.D. in
Social Psychology from
the University of
California at Irvine. He
has published numerous
scholarly articles on
survey research
analysis, guns and
violence, and evaluating
firearm legislation.
His recent papers are:
Misfire: Firearm
Registration in Canada
(Fraser Institute Public
Policy Source 48);
Canadian Attitudes
toward Gun Control: The
Real Story, with H.
Taylor Buckner,
published by the
Mackenzie Institute; "An
Evaluation of the 1977
Canadian Firearm
Legislation: Robbery
Involving a Firearm,"
with Dennis Maki,
published in Applied
Economics, and "Armed
Self Defense: the
Canadian Case,"
published in the Journal
of Criminal Justice.
He has served as an
expert witness for the
Supreme Court of Canada,
the Alberta Court of
Appeal, and has
testified before
Canadian parliamentary
committees on proposed
firearm legislation.
Traducido al español por
el Sr. Alejandro Ranucci |