|
Por Alfonso Reece - - (nota
extraída de "MUNDO DINERS")
http://www.dinediciones.com/diners/290/desplegar.php?id=622
|
 |
No siempre
se lo entiende así, pero si hay
quienes saben llegar a la verdad
son los poetas. Y qué duda cabe
de que saben expresarla de
maneras más eficaces que todos
los diccionarios y manuales
técnicos, y, por supuesto, con
más precisión que los códigos
legales.Por eso no hemos
encontrado nada que defina lo que es un
arma con más cortante exactitud que un
texto de Jorge Luis Borges que se llama
El puñal. Dice de un puñal, pero podría
decirlo de cualquier arma:"Es
más que una estructura
|
hecha de metales;
los hombres lo pensaron y lo formaron
para un fin muy preciso; es, de algún
modo eterno,el puñal que anoche
mató un hombre en Tacuarembó y los
puñales que mataron a César. Quiere
matar, quiere derramar brusca sangre".
En efecto, las armas no son objetos
comunes, están hechas para matar, para
herir. Y como tales, son los objetos más
antiguos que fabricó la humanidad.
Primero la tosca cachiporra, que habrá
sido no más que un pedazo de madera o,
como lo quiere la fábula bíblica, un
hueso, la quijada de un animal. Luego
vendrían la lanza y otras armas
arrojadizas, que le dan al ser humano el
privilegio de disparar la muerte desde
lejos, capacidad que comparte con no más
de media docena de animales. Este poder
se multiplica con la flecha y se vuelve
incontrastable con las armas de fuego.
Estas armas primitivas fueron con
seguridad inventadas para "hacer el
bien", para la caza, para que los hijos
y toda la horda primitiva pueda
alimentarse. Pero no debe haber pasado
mucho, quizá menos de una hora, desde
que el objeto contundente contribuyó a
matar la presa, cuando, disputando las
partes de la misma, uno de los pre-hombres
del grupo lo blandió en contra de uno de
sus congéneres, y a lo mejor llegó a
hacer uso de él. Se usaron entonces para
"hacer el mal", para atacar a los
semejantes, creando en el mismo instante
la posibilidad de utilizar las armas
para la defensa, que es el correlato
forzoso del ataque. A los pocos días de
ello, dado que todas las crías de
mamíferos tienen un irrefrenable
instinto lúdico, unos niños jugarían con
las armas, creando así la posibilidad de
ellas como objeto de esparcimiento, que
pronto se hará competencia y, por lo
tanto, deporte. Lo dicho es pura
elucubración, pero la realidad
difícilmente habrá sido diferente. Muy
temprano en la historia, muy temprano,
las funciones de las armas habrán
quedado definidas: caza, ataque/defensa,
juego. Tampoco debe haber tardado mucho
una posibilidad menor, pero sin duda más
inocente: la colección de armas, el mero
gusto de tener el objeto por el objeto
mismo, por su estética, su significación
o su rareza. Pudo haber ocurrido antes,
pero en nuestra fantasía queremos
remontarnos a algunos siglos después de
la invención de la flecha, cuando
aparecería el primer coleccionista, un
hombre del neolítico que se dedicó a
recolectar puntas de flechas que
encontraba raras o bonitas. Un sucesor
actual de ese imaginario antepasado,
Julio César Vizuete, sociólogo,
novelista y experto en armas, nos dice:
"me gustan las
armas, porque son elementos de una
refinada finura en el acabado mecánico.
Cuando yo pongo a punto una pistola,
cuando la mando a preparar en la
fábrica, me toma un largo trabajo hasta
que finalmente esté en las condiciones
que debe estar. Esto me obliga a ser un
hombre diestro en micro-mecánica,
diestro en balística". Habla
mientras nos muestra la "joya" que
porta: "esta es una pistola Bull M5,
modelo Storm, con un cañón cuyas paredes
tienen casi 6 mm de espesor, con una
recámara labrada a mano y con
micro-estriado, que me permite acertar
en un blanco del tamaño de una baraja a
30 metros sin error absoluto y con una
cadencia de tiro muy rápida. Es un arma
muy fina, pero hecha para personas que
conocen de armas. Fabricada en Israel,
sólo se hicieron 20 de este tipo, un
serie limitada". Tenencia y uso El
empleo de las armas como instrumento de
caza, implemento deportivo o como objeto
de colección requiere poco debate. Son
usos que, dentro de los términos
razonables, no pueden ser objetados. Los
problemas surgen cuando las armas se
usan en contra de otros seres humanos,
porque, como hemos quedado, matar es el
fin preciso con el que se fabrican las
armas. Hemos visto que desde que el ser
humano es tal, usa armas. Recordemos esa
bellísima escena de la película 2001,
Odisea del espacio de Stanley Kubrick,
basada en la novela homónima de Arthur
Clark, en la que ante ese monolito
mágico (¿o divino?) un mono se
transforma en hombre por la mera
ejecución de su primera acción humana:
usar un hueso como maza. Si se dice que
es el instrumento el que hace al órgano,
no poco de lo que son nuestras manos y,
por supuesto, nuestro cerebro se deben a
las armas. Vizuete sentencia:
"el arma más
importante es el cerebro?. Los derechos
humanos básicos e inherentes, aquellos
de los que por ningún concepto pueden
sernos quitados, son aquellos que
justamente nadie nos puede dar. Nacemos
con ellos. Y son sólo dos: la vida y la
libertad, todos los demás de allí
dimanan. Nadie puede ?concedernos? la
vida, a lo más conservárnosla, ni
concedernos la libertad, a lo más
devolvérnosla. No son dádivas del
Estado, ni de los poderosos, por eso con
tanta sabiduría el filósofo Diógenes
responde al emperador Alejandro Magno,
cuando éste le dice que le pida
cualquier cosa, aunque sea la mitad de
su imperio, el sabio responde: "Sólo te
pido que no me quites lo que no me
puedes dar". De eso se
trataría todo gobierno u organización
social: de permitir y facilitar a los
hombres el uso de los dones con los que
han nacido. En este contexto es que Juan
Fernando Carpio, director ejecutivo del
Instituto para la Libertad sostiene que
?el derecho a la legítima defensa es una
derivación del derecho a la vida. Si no
podemos defenderla de agresiones de
forma efectiva, el derecho a la vida es
una declaración de intenciones bonita
pero etérea?. Entonces considera
esencialmente legítima la tenencia de
armas, que no debe ser coartada porque
haya personas que usen mal de ellas,
porque en su opinión ?una sociedad de
personas libres debe basarse en el
principio de responsabilidad, no en el
de prevención; esto significa que no
porque en contados casos se utilicen mal
las armas, vamos a prohibir su uso
general?. Se supone que los seres
humanos, al organizarse en el Estado,
delegan en éste parte de su derecho de
legítima defensa. Se crea así aquella
obligación esencial del Estado, quizá la
más esencial, o la única esencial, que
es la de garantizar la "seguridad" de
las personas, es decir precautelar la
vida, la libertad y, consecuentemente,
la propiedad de sus asociados. También
le delegan la resolución de las
controversias entre personas, es decir
la "justicia". Pero al hacerlo, no se
está prohibiendo que los ciudadanos o
miembros de un Estado lleguen a acuerdos
entre ellos, solucionando sus
diferencias por conciliación. Lo propio,
el que se haya delegado la defensa por
la fuerza en el Estado, no significa, ni
puede significar, que los ciudadanos no
puedan defenderse en los casos en los
que los instrumentos estatales no pueden
hacerlo. Por eso señala el doctor Carpio
que ?incluso en los países donde mejor
funciona, la policía jamás podría estar
en el lugar de los hechos en el momento
indicado. Los asaltos, violaciones y
secuestros se consuman en cuestión de
minutos, y también se evitan y disuaden
en instantes?. En Estados Unidos corre
un dicho: "llame al 911 y muera", lo que
quiere decir que hasta esperar la
llegada de los gendarmes, todos los
delincuentes ya habrán consumado sus
propósitos y huído. La naturaleza del
arma tiene su cara y su envés: es
esencialmente ofensiva, pero el mero
hecho de conjeturar la existencia del
arma ofensiva conlleva la concepción del
arma como medio de defensa. Desde este
ángulo, las armas tienen una función
disuasiva, envían el mensaje ?no me
ataques?, de hecho en la práctica menos
del uno por ciento de las armas legales
que existen en un país llegan a usarse
contra otra persona. Y aun cuando
lleguen a blandirse, a exhibirse, no se
llega hasta las últimas consecuencias,
se calcula que en los Estados Unidos se
hacen anualmente tres millones de "usos
defensivos" de armas, que según el
estudio realizado al respecto por Gary
Klerk y Mark Getz, incluyen mostrar el
arma o hacer mención de ella y no llegan
a concretarse en disparos, el problema
con estos es que no salen en las
noticias. En cambio, una significativa
mayoría de crímenes domésticos se
ejecutan con objetos que no pueden ser
considerados per se como armas. Según
Juan Fernando Carpio, el portar armas
genera lo que los economistas conocemos
como "externalidad positiva": si un
asaltante o violador no sabe cuál de las
mujeres de una calle podrá repeler su
agresión, todas ellas ven disminuido su
riesgo gracias a la que sí podría
hacerlo. Los datos históricos están ahí
y son claros. Los Estados Unidos han
sido una de las sociedades más liberales
en este tema. Muy temprano en la
existencia de ese país se realizó la
Segunda Enmienda a la Constitución, que
sostiene que "Siendo necesaria una
milicia bien ordenada para la seguridad
de un Estado Libre, no se violará el
derecho del pueblo a poseer y portar
armas". Es, por supuesto, una
disposición muy discutida. Según
algunos, se trata de un mandato que ha
de entenderse completo, es decir que las
armas han de usarse en el contexto y
bajo la disciplina de una "milicia",
término que al no coincidir con el de
ejército se presta a confusiones. Pero
otros sostienen que lo importante es "el
derecho del pueblo a poseer y portar
armas", para el que no existirían
condiciones; también muy temprano y nada
menos que Thomas Jefferson interpretó la
enmienda diciendo que "ningún hombre
libre será excluido del uso de las
armas". La sociedad norteamericana en
verdad ha desarrollado una cultura de
tolerancia o de convivencia con las
armas que es difícil de entender en
otros países y que probablemente se
explica por el "espíritu de frontera".
Ese país se hizo en una época reciente,
expandiéndose por la acción individual
de los "pioneros", que agrandaron los
Estados Unidos a costa de los indios y
de los mejicanos, a caballo y pistola en
mano. La posesión de un arma en el viejo
Oeste norteamericano era la única
garantía de supervivencia. En cambio, en
Europa, en los mismos tiempos, si no se
era noble no se podía llevar espada y
era obligación de los hidalgos poseer
caballo y armas. Las mentalidades que
generan las dos historias obviamente
tenían que ser distintas. Con los
caballos ocurre algo parecido, sólo en
las infinitas praderas sin dueño de
Norteamérica era dado a cualquier hijo
de vecino poseer un caballo, algo
prohibido a los plebeyos en la mayor
parte de Europa. El caballo se convirtió
en el siglo XX en automóvil, otro
elemento fundamental y diferenciador de
la cultura norteamericana. Dicen los
norteamericanos que Dios creó a los
hombres, pero Samuel Colt (inventor del
revólver) los hizo iguales. Armas y
violencia Parecería que estas dos
palabras son inseparables la una de la
otra. No es así, como lo hemos visto, el
tiro deportivo y el coleccionismo son
actividades esencialmente pacíficas.
Incluso, si no entramos en
consideraciones de tipo ecologista, la
caza ha de considerarse pacífica. Pero
aun los usos más específicos, siguiendo
el fin muy preciso con el que se han
fabricado las armas, deben matizarse.
Según información que nos proporcionó el
Instituto para la Libertad,
investigaciones internacionales de John
Lott, experto en el tema, dan cuenta de
que, por cada ocasión en que alguien
utiliza un arma para un despropósito o
error, se utilizan cinco veces en actos
de defensa propia para evitar una
violación, un asalto o un secuestro. Las
violaciones han bajado en porcentajes de
53 a 72 por ciento en países o regiones
de Europa, Asia y los Estados Unidos
donde se han desarrollado programas
cívicos para que las mujeres porten y se
entrenen en el uso de armas de fuego.
Por otro lado, basada en 253 artículos
en revistas, 99 libros, 43 publicaciones
gubernamentales y un informe que cubre
80 medidas distintas de control de
armas, la Academia de Ciencias de los
Estados Unidos no ha podido identificar
una sola regulación del control de armas
que haya reducido el crimen, los
suicidios o los accidentes. Desde la
prohibición de armas de asalto, a la ley
Brady, a restricciones de compras de un
arma al mes, a los cierres de armerías,
nada ha funcionado.
La
legislación ecuatoriana en materia de
tenencia de armas es moderadamente
restrictiva, aunque para el pesimista
será en cambio moderadamente permisiva.
Decimos "la legislación" queriendo decir
con ello las leyes específicas. Sin
embargo, el uso está severamente
limitado, no hay un marco claro y
adecuado para permitir una adecuada
defensa propia. Además, por esa curiosa
característica ecuatoriana, la
hiperlegislación, hay reglamentos que
establecen aún más condiciones y
límites, no siempre previstos en la ley.
Las condiciones que actualmente se
exigen para obtener una licencia de
portación de armas son: a) Solicitud
dirigida al jefe del departamento o
sección de Control de Armas b) Título de
propiedad del arma: factura, contrato de
compra-venta notariado, documento de
donación o de cesión notariado, que
justifique la posesión de la misma c)
Fotocopias de la cédula de ciudadanía,
certificado de votación y libreta
militar d) Récord policial actualizado.
e) Examen psicológico realizado en el
departamento o sección de Control de
Armas, que acredite que el solicitante
se encuentra en perfecto estado de salud
mental. f) Una fotografía tamaño carné
de frente y una de perfil. g)
Comprobante de pago por concepto de
gastos administrativos (no
reembolsables) Las personas naturales,
previo a la obtención del permiso de
portar armas por primera vez, rendirán
una prueba de conocimiento de la ley y
reglamento de la materia, manejo y
seguridad de armas de fuego. Los
permisos serán renovados cada dos años,
adjuntando el original y presentando el
arma de fuego; cumpliendo con los
requisitos señalados anteriormente.
CALIBRES NO AUTORIZADOS: Todo tipo de
munición de guerra empleado por Fuerzas
Armadas y Policía. Recuadro 2 Armas,
mujeres y deportes: Carmen Malo Merchán
Generalmente se identifica a las armas y
a su uso con hombres rudos, con recios
cowboys norteamericanos, pero tal
estereotipo no coincide para nada con
esta cuencana rubia, menudita, juvenil,
dotada de una gran simpatía. Es una
madre joven, que estimula las
inclinaciones deportivas de sus hijos,
que vive en el campo y cuando no está
dedicada a su deporte, se consagra a su
hogar y a su familia. Habla con soltura
y confianza. En el diálogo uno olvida
que es una de las figuras más
representativas del país en una
disciplina tremendamente exigente.
Aprendió el tiro al blanco con su padre,
Alejando Malo, hombre cordial y amable,
a quien los cuencanos recordamos con
afecto. -"Tenía diez años" - dice Carmen
- "y un día, en la hacienda, papá nos
puso en fila, para jugar. Él era
partidario de que los niños supieran lo
que era un arma, la manejaran con
respeto, pero no tuviesen miedo, recelo
o ignorancia, que son los factores que
causan accidentes. Como vio que tenía
una cierta habilidad, empezó a
entrenarme. Pronto participé en
campeonatos interescolares y colegiales,
compitiendo con hombres, pues no había
mujeres en este deporte". "A los 14 años
estaba saturada: además del tiro, jugaba
básquet, hacía gimnasia y era atleta. Mi
padre me dijo, entonces, tienes que
escoger, no puedes dedicarte a cuatro
disciplinas. Me decidí por el atletismo.
Volví al tiro a los veinticinco años, y
aunque en otro tiempo hacía carabina,
solo me dediqué a la pistola". Cuenta
que, desde que regresó al tiro olímpico,
reparó en que los tiradores no
practicaban sino en vísperas de
competencia; ella logró cambiar esa
mentalidad y ahora quienes participan en
esta disciplina deportiva entrenan ya
constantemente. En nueve años de diario
entrenamiento ha realizado una labor
intensa, participando en competencias en
República Dominicana, Chile y Cuba (en
cuatro ocasiones), Bolivia, Colombia,
Perú, Italia, Canadá y Grecia. Ganó, en
2002, a título personal, no en equipo,
una de las dos medallas de oro
sudamericanas que ha obtenido el Ecuador
en dicha modalidad, la otra individual
fue para Paul Margraff, hacia 1973.
Antes, en 2000, fue seleccionada para
los Juegos Olímpicos de Sidney, en los
que participó honrosamente, quedando en
el puesto 21 entre 54 competidoras. "Las
personas que manejan armas pueden ser
violentas, dependiendo del contexto en
que se muevan; pero un deportista,
jamás", dice rotundamente. Al contrario,
afirma: "tiene que ser una persona
tranquila, calmada, dueña de sí misma y
capaz de relajarse al máximo. El tiro
olímpico requiere de una gran
concentración y una paz totales. No es
como el tiro práctico, que es mucho más
ágil y dinámico. Los momentos que
preceden a la competencia son de un
silencio y una quietud impresionantes".
"En una disciplina así, los accidentes
son mínimos; hay muchos menos que en
cualquier otro deporte. Es totalmente
seguro. Nunca hay muertos o heridos. En
lo personal, como te dije, mi padre nos
enseñó a tener respeto y también
confianza en las armas. Jamás ha habido
un problema por mal manejo de armas en
mi familia". Cree que es recomendable
que las personas tengan armas en su casa
y sepan manejarlas correctamente. "En
épocas peligrosas, llenas de
delincuencia, es bueno que sepan
defenderse" - piensa - "que nunca las
usen para agredir, solo para su
protección o para defensa personal. Las
mujeres son reacias a las armas, los
hombres, en cambio, tienen más
familiaridad con estas. Pero sería bueno
que ellas supieran el correcto manejo de
un arma".
La polémica NRA La National Rifle
Association es una discutida
organización, que constituye la punta de
lanza en la defensa de las libertades
que consagra la Segunda Enmienda de la
Constitución de los Estados Unidos.
Fundada en 1871 por el coronel William
C. Church y el general George Wingate,
su objetivo inicial era dar formación en
la práctica del tiro. Con este propósito
se adecuó un polígono y se establecieron
competencias. En la actualidad, la
organización avala más de diez mil
torneos deportivos anuales. Desde 1923
publica la revista especializada The
American Rifleman. Hacia 1934, para
defender la Segunda Enmienda en el
Congreso de los Estados Unidos y a
través de los parlamentos de los
distintos estados, se creó el Instituto
para la Acción Legislativa (Institute
for Legislative Action, NRA-ILA), que se
ha opuesto a las medidas restrictivas a
la tenencia, portación y uso de armas.
La NRA organiza seminarios, concursos y
otros programas destinados a promover
sus ideas en este sentido. En la
actualidad, sus estatutos comienzan
declarando que el propósito de la
organización es "proteger y defender la
Constitución de los Estados Unidos,
especialmente lo relacionado con los
derechos inalienables del individuo
ciudadano americano garantizados por
dicha Constitución de adquirir, poseer,
coleccionar, exhibir, transportar,
llevar consigo, transferir propiedad, y
disfrutar el derecho de usar armas".
Durante la Segunda Guerra Mundial la NRA-ILA
hizo un significativo aporte en
servicios directos, donación de armas a
países aliados y formación de reclutas
en la práctica de tiro, que aumentaron
su prestigio y poder. Después de esa
guerra, la NRA se expandió hacia el área
de la caza, dando formación y asesoría a
los cazadores, de manera que se eviten
los frecuentes accidentes en la práctica
de este polémico deporte. Actualmente,
en acuerdo con los servicios para la
protección de la naturaleza, instruye a
los cazadores para que sepan identificar
las presas autorizadas y cumplan con las
regulaciones para su actividad. Para
este segmento se publica la revista
American Hunter. También es la agencia
más autorizada para certificar a
policías municipales y estatales en el
uso de armas de fuego. Muchas de las
complejas problemáticas que conlleva el
uso de armas han sido enfrentadas por la
NRA, por ejemplo, ahora tiene un
programa para instruir a los niños para
que no toquen armas. Los accidentes con
armas por parte de niños y cazadores han
disminuido hasta en un 50 por ciento
desde que se establecieron los programas
de prevención respectivos. Otro programa
se llama Refuse To Be A Victim (Rehuse
ser víctima), que trata de enseñar a los
ciudadanos ordinarios a defenderse de
los delincuentes. Con este mismo
propósito se ha creado la revista The
American Guardian. La organización se
financia mediante contribuciones
deducibles de los impuestos y por medio
de eventos de recaudación de fondos. En
1998 se abrió el Museo Nacional de las
Armas de Fuego, para lo que se contó con
una donación personal de un millón de
dólares de Bill Ruger, un importante
fabricante de armas. Hasta 2003, el
presidente de la NRA fue el famoso actor
Charlton Heston.
|