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El primer
aspecto conceptual pasa por no advertir
en la discusión que los que producimos
violencia, la ejercemos o no, somos los
seres humanos y no las cosas. Por eso, a
estas alturas resulta importante aclarar
que no hablamos del objeto “armas” sino
de la conducta de los seres humanos
respecto de ellas. NO se trata ya de
armas si, armas no, sino de la libertad
para disponer de ellas si o no.
Algunas estadísticas ayudan a visualizar
las cosas de manera diferente. La nación
mas segura y menos violenta del globo es
Noruega. Paradójicamente es uno de los
que mas armas por persona dispone,
siendo por otra parte el que menor tasa
de homicidios posee en el continente
europeo por solo citar un ejemplo. Algún
defensor del control de armas tal vez
pueda intentar explicarlo seriamente con
argumentos fiables.
Cabe consignar que alguna vez comulgue
con esa visión. Sin embargo me he
permitido revisar aquellas ideas,
llegando a la conclusión de que no había
forma de sostenerlo correctamente, sin
caer en prejuicios generalizados o
simplificaciones infantiles, carentes de
demostración evidente.
La cuestión ideológica siempre es mas
profunda que la visión resultadista. No
deberían existir dudas acerca de que la
libertad está por sobre todas las
cuestiones, pero es posible que algo de
esta línea argumental desdibuje ciertas
creencias arraigadas que no tienen
demasiado asidero.
Mas allá de las cuestiones utilitaristas
de ciertos argumentos estadísticos
aportados, ( siempre discutibles y
opinables por cierto ), lo que no cabe
dudas es que el derecho a la vida y a la
propiedad se ven permanentemente
vulnerados cuando tenemos restringidos
los derechos a defenderla en cuanto
alguien intenta quitárnosla. Las normas
que pretenden proteger nuestros
derechos, finalmente no hacen otra cosa
que dejarnos indefensos.
Existe un típico discurso latino que es
básicamente antinorteamericano. El mismo
sostiene, en su habitual
superficialidad, haciendo alarde de
cierto conocimiento de la política de
ese país respecto de esta cuestión de
las armas. Con idéntica liviandad se
dejan de lado las evidentes diferencias
entre estados dentro de esa nación, dado
su federalismo realmente ejercitado. Es
cierto que se conocen de naciones como
esas masacres ya famosas mundialmente.
De hecho también han ocurrido en otros
países también desarrollados. Todos
ellos han quedado entrampados en
recorrer el camino que nosotros
pretendemos tomar hoy.
Para aquellos que caen en el juego de
simplificar la cuestión planteando la
problemática de EEUU como si ese país
fuera el espejo en el cual uno debe
mirarse, cabe recordar dos anécdotas que
ilustran la situación en sociedades como
aquellas, en las que la cuestión TAMPOCO
esta resuelta aún.
El tristemente famoso estudiante
extranjero armado Cho Seung-hui, en
abril de 2007, que inició un tiroteo
desenfrenado en un campus universitario
y disparó contra mas de 50 personas,
todas ellas DESARMADAS, asesinó a 32 de
ellas antes de cometer suicidio. En
enero de 2002, coincidentemente en
Virginia, otro estudiante extranjero
armado, esta vez Meter Odighizuwa inicia
un tiroteo también desenfrenado en un
ámbito académico, dispara y mata a 3
personas DESARMADAS, hasta que un
estudiante ARMADO ( legalmente ) logra
detenerlo. No amerita mas comentarios.
Vale mucho mas sacar conclusiones
propias.
El delincuente, el violento, el
transgresor de las normas, el simple
desquiciado, no dudará un instante en
sobrepasar los limites legales para
avanzar en su costado mas agresivo. No
existe norma, ni ente planificador
suficientemente eficaz para evitar que
un ser humano acceda a herramientas para
consumar sus actos violentos. No es así
como frenaremos el delito. Muy por el
contrario, el que esta dispuesto a
transgredir reglas, siempre tiene el
acceso habilitado, no importan las
barreras o restricciones que pretendamos
imponerle. El indefenso, por el
contrario, es justamente el que
ajustándose a derecho, no esta dispuesto
a vulnerar normas, quedando así en
desigualdad de condiciones para defender
su vida, su libertad y su propiedad,
debiendo optar finalmente entre cumplir
las normas y ser blanco fácil de los
malhechores, o bien es invitado a
infringir la norma, sobrepasando limites
morales que lo llevan a caer en delito
para defenderse a si mismo y a los
suyos.
En sociedades como las nuestras las
armas blancas son tan letales como las
de fuego, sin embargo a nadie se le
ocurre controlar estas últimas. La
violencia no disminuye porque tengamos
ocurrentes ideas acerca de las cosas. La
violencia tiene que ver con una actitud
propia de los seres vivos y no de sus
herramientas. Intentar corregir estas
conductas indeseadas con voluntaristas
leyes, con mas intervención del Estado,
solo nos aleja del diagnostico. Es
desconocer la esencia humana. Este tipo
de visiones nos hace mas vulnerables a
los no violentos, quedando siempre como
rehenes de quienes nunca dudarán en
aplicar la fuerza por cualquier medio,
valiéndose del arsenal disponible para
dañar a los otros.
El tema es complejo. Asumamos que es
polémico. Discutirlo con superficialidad
no nos acerca a la verdad. Muy por el
contrario alimenta las condiciones para
que los violentos triunfen, y para que
no abordemos la problemática desde el
lugar adecuado, es decir desde su origen
y no desde sus consecuencias.
Por ahora, esta norma solo cumplió el
rol de NO solucionar el problema,
distraer la atención del tema central y
ocupar otro espacio alrededor de los
mitos acerca de las armas de fuego.
Alberto Medina
Mendez
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