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15 millones de razones

A estas alturas, desconocer el insano empecinamiento del gobierno en desarmar a la población civil sería de marcianos. Invertir como se está haciendo, 15 millones de pesos para “comprar” armas a las personas, si bien es estratégicamente positivo para los fines (no se entiende cuales) del gobierno y para aquellos que no quieren tener un arma en casa y están necesitados de dinero, tal como está dada la Ley se abren las puertas a una serie de barbaridades que terminarán produciendo más daño que beneficios a la sociedad argentina. 

La amnistía planteada para quien entregue un arma permite que el delincuente, por un lado lucre con armas ilegales y recambie sus herramientas de trabajo, cuestión tal vez improbable ya que dudosamente éstos prefieran quedarse sin sus armas ya que no creo que en el mercado negro se adquieran a tan bajo costo como el que ofrece el estado.

Lo realmente grave del asunto es sin duda alguna que no quede registrado dato alguno de quien las entrega, y que no exista un método de peritaje que permita saber si las armas entregadas no están siendo buscadas por haberse utilizado en un crimen. Un caso al azar sería el famoso revolver calibre .32 (que disparó el también famoso “pituto”) utilizado para asesinar a Maria

 Marta García Belsunce, arma que hasta la fecha no ha sido encontrada y que bien podría terminar aplastada en un yunque y posteriormente fundida mientras quien la entregó continuará en las sombras de la impunidad. Es más, es muy factible que todas aquellas personas que actualmente se encuentren procesadas por el delito de "Tenencia de Armas de Fuego" (art. 189 bis CP), alcanzadas por ende por el principio de inocencia, puedan solicitar ampararse en la ley penal más benigna (art. 2 C.P.) pidiendo acogerse al derecho a la amnistía, que se haga entrega de las armas que oportunamente se secuestrasen bajo su tenencia al Programa y que se decrete la extinción de la acción. Así también las procesadas por tenencia ilegal de armas de fuego por orden de allanamiento, registro domiciliario y secuestro de armas de fuego de las comprendidas en el art. 189 bis del C.P. De la misma forma, el individuo que detenta dicha tenencia y durante el período de vigencia de la ley (hasta el 11 de Enero de 2008) puede plantear que en realidad pensaba acogerse al Programa de la Ley 26.216 antes de su finalización, lo cual viene a materializar solicitando la remisión de las secuestradas al Programa y el sobreseimiento en la causa y extinción de la acción. Y lo más triste si se quiere, en ambos supuestos, el presunto tenedor estaría en condiciones de solicitar que una vez hecha la entrega de las armas al Programa se le abonen los importes establecidos por la ley. 

De ninguna manera las armas ilegales se van a ver comprometidas en esta campaña, lo que indicaría que detrás de esta habrá otra campaña posiblemente peor y con iguales resultados. La campaña empezó con la excusa de terminar con la inseguridad, pero era demasiado pueril para sostenerse, así que cambió el speech y ahora es para evitar accidentes y la resolución de conflictos interpersonales por medio de las armas. Quince millones de pesos que jamás se pusieron en campañas para evitar accidentes de tránsito, prevenir la drogadicción o prevenir enfermedades que día a día se llevan muchas almas al cielo. 

No, para nada ayuda a la ya golpeada sociedad argentina este tipo de locuras. Hoy en nuestro país parece no haber hambre, parece que no hay problemas de salud pública, los medios mercenarios sólo nos muestran lo que a “cierta gente” le conviene que veamos, subliminalmente nos arrastran a pensar que estamos tan bien que podemos invertir en fierros de viudas y difuntos, armas que no se usan para delinquir, armas cuya ausencia no va a mejorar en lo absoluto nuestro presente. Incluso, de una manera cruel y descarada los titiriteros de la mentira utilizan la desgracia de familias que sufren, para sumarlas a su nefasta campaña, personas que en su tremendo dolor y desconocimiento aceptan cuanta cancioneta les susurran al oído y se exponen sin conocer los oscuros intereses que se mueven tras el desarme, que poco o nada tienen que ver con la memoria de sus familiares caídos presas de la inseguridad.

Escasea el gas, el combustible, la energía eléctrica, los hospitales son un desastre, muchas personas de bien son golpeadas o asesinadas por unas simples monedas, la sociedad toda es cautiva de la delincuencia impune, demasiados chicos padecen hambre y demasiados padres la vergüenza y el pesar de no poder llevar a la mesa un pedazo de pan. Pero si hay 15 millones para comprar armas, si hay tiempo para legislar irresponsablemente. 

Quince millones de pesos que se invierten en un plan de desarme desesperado que a durísimas penas escapa a la teoría del desarme para el control social o del negocio redondo a costa de los contribuyentes, hecho a las apuradas, implementado a los ponchazos, digno de locos y caraduras. Nadie en nuestro gobierno midió las consecuencias de tales actitudes que distan mucho de proveer paz social o siquiera un grado perceptible de seguridad o simple mejora, es tal el desatino de este tipo de medidas que parece más bien ser hecho adrede buscando Dios sabe que provecho político para los gobernantes de turno y las ONGs desarmistas a futuro. Se ha obviado al ciudadano de la misma manera que ha obviado al patrimonio nacional, ya pasaron muchos años de menoscabo impune a cuanta institución sirviese de norte a cualquier persona de bien que habite este bendito suelo, o garantizara mínimamente el derecho del honesto. 

Quince millones de pesos son hoy quince millones de razones para que la sociedad, de una vez por todas se despierte de este sueño inducido por los medios inmorales sustentados por una clase política inútil y servil al tirano [1] .  

Para “ellos” ¡MOLÒN LABÉ! [2]

 J.A.B. (armasenserio.com.ar)

 [1] La Tiranía (del griego τυραννία), en el sentido que se dio al término en la Grecia antigua, era el régimen de poder absoluto, de ordinario unipersonal, que con frecuencia instauraba el tirano, aquél o aquéllos que habían derrocado el gobierno de una ciudad-estado, normalmente gracias al apoyo popular, pero también mediante un golpe de estado militar o una intervención extranjera. Así, el tirano ocupaba el poder no por derecho, sino por la fuerza. Para la mentalidad moderna, la tiranía se identifica con un uso abusivo y cruel del poder político que se ha usurpado, pero entre los antiguos griegos, sin embargo, el término no estaba tan cargado de connotaciones peyorativas, y a menudo tenía mucho que ver con la demagogia y el populismo. 

[2] (MOLON LABE)  Frase que profirió el rey Leónidas I a Jerjes el primer día del sitio de termóphilas cuando éste le impuso que entregaran sus armas, y que significa “¡Ven a buscarlas!”.

 

 

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